La mañana empezó como empiezan las buenas historias, con lluvia. De esas que parecen decir “hoy no”, pero que en realidad están probando qué tan en serio vamos. Y fuimos en serio. Llegamos igual, nos quedamos igual y terminamos haciendo algo que no se borra con el agua.

En el taller de señalética ambiental no solo pintamos letreros, pintamos postura. Nos encontramos vecinos, estudiantes del IPIT Yopal, gente que no vino a mirar sino a hacer. Estuvimos con CESCA y la Fundación Nueva Acrópolis Yopal, compartiendo pinceles, ideas y conversaciones que iban mucho más allá de lo que cabía en una tabla de madera.

Porque esto no se trata solo de poner mensajes en la ciudad. Se trata de cuestionarla. De incomodar lo que ya normalizamos. De decirle a Yopal, con colores y palabras, que sí hay otra forma de habitar este territorio.

Nos divertimos, sí. Nos manchamos, también. Pero sobre todo, nos dimos permiso de imaginar una ciudad más consciente y empezar a construirla con nuestras propias manos. Cada letrero es una pequeña rebelión pegada en el espacio público. Una invitación a mirar distinto. A actuar distinto.

Y lo mejor es que esto apenas comienza.



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